martes, 10 de enero de 2017

Cine criptobotánico (III): Devoramujeres (1958)




Tercera entrega de la serie que relaciona el séptimo arte con la Criptobotánica. En esta ocasión, viajamos en el tiempo hacia 1958 para deleitarnos con una auténtica rareza dirigida por el prolífico director británico Charles Saunders.




Devoramujeres, o The woman eater en su versión original, cuenta la historia del Dr. Moran. En una expedición a la selva amazónica, descubre una tribu de nativos que adora a un terrible árbol que se alimenta de la sangre de las mujeres y genera un líquido que puede devolver la vida a los muertos.

Cinco años más tarde, el científico –enloquecido ante lo que ha visto- captura una de estas plantas y la lleva consigo a Londres con la intención de experimentar con ella y con jóvenes mujeres…


Serie B (o más bien Z), Mad Doctors, plantas asesinas y bellas chicas en una película de bajo presupuesto que no te dejará indiferente y que fue muy mal acogida por la crítica del momento…

Puedes verla en versión original en el siguiente vídeo:


Y, si lo deseas, puedes descargar la película (con subtítulos en español) en este enlace de clasicosendd, a cuyo responsable queremos agradecer la magnífica labor de recuperación y difusión de cine clásico que viene realizando.

Ficha técnica:

Título original: The Woman Eater
Año: 1958
Duración: 70 min.
País: Reino Unido
Director: Charles Saunders
Guión: Brandon Fleming
Música: Edwin Astley
Fotografía: Ernest Palmer
Reparto:  George Coulouris, Robert MacKenzie, Norman Claridge, Marpessa Dawn, Jimmy Vaughn, Joyce Gregg, Harry Ross, Sara Leighton, Edward Higgins
Productora:  Fortress Film Productions Ltd.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (III): Umdhlebe, segunda parte.


En esta nueva entrega de la serie dedicada a los árboles devoradores de hombres, continuamos hablando del misterioso umdhlebe. La primera referencia conocida a este temible árbol  la encontramos en The Religious System of the Amazulu, obra escrita por el misionero inglés Henry Callaway en 1870. La pista nos la ha proporcionado el compañero Alberto Fh, al que agradecemos desde aquí su interés y la decisiva aportación que nos ha facilitado.


Callaway narra varias anécdotas sucedidas entre los zulúes y que tienen al extraño árbol como protagonista. Así, en una conversación con varios indígenas, éstos le contaron que   “en la colonia donde vivía nuestra tribu, en la Montaña de la Mesa, hay dos médicos que discutieron entre sí acerca de su habilidad”, retándose a tocar a umdhlebe.  

Los hombres, llamados Usopetu y Upeteni fueron juntos a un lugar llamado Umlazi, cerca del mar, donde se encontraba un ejemplar del extraño árbol bajo el que había muchos huesos de animales que allí habían muerto. Cuentan que incluso los pájaros perecen si se posan en él.

Upeteni fue el primero en enfrentarse al mortífero árbol. Desató sus medicinas, seleccionó lo que creyó apropiado, lo masticó, se llenó de ello y se dirigió a umdhlebe con ánimo de arrancarle una parte. Lo apuñaló, pero el árbol se movió violentamente y no permitió que se volviera a acercar. Tomó otras medicinas y volvió a apuñalarlo, provocando un gran ruido en la criatura que –por todos los medios- le impedía acercarse más.

Lo intentó de nuevo, pero el rostro del médico comenzó a llenarse de sudor y el frío se adueñó de él, no pudiendo alejarse de umdhlebe, encontrándose cada vez más enfermo. Entonces, Usopetu masticó sus medicinas, las inhaló a Upeteni y le curó. Se volvió contra el árbol y consiguió arrancarle varias ramas, logrando ser reconocido como un gran médico.

Henry Calloway
Callaway recoge en su obra que existen varias clases de umdhlebe. Algunos son pequeños, otros grandes, siendo el mayor el que crece entre los Amanthlwenga. En la tradición de este pueblo, se dice que este árbol mata a la gente. Si es plantado en medio de una aldea, ese pueblo perece. Surge una gran fiebre y los hombres se agitan con grandes convulsiones,  padeciendo un gran dolor de  huesos. El tratamiento del médico consiste en hacer que el enfermo se abstenga de beber agua y de comer amasi, una leche fermentada muy popular en Sudáfrica.

Uno de estos indígenas cuenta una historia de primera mano: “Vi con mis propios ojos a aquellos hombres que fueron asesinados por umdhlebe entre los Amanthlwenga, que habían ido a cazar elefantes. Uno de ellos era mi hermano, Umdava. Vino hasta aquí conduciendo su carro durante un mes. Era alto, de piel muy negra y larga barba. Venían  con un holandés de nombre Umkosi.

Los cazadores salieron y se encontraron con una manada de elefantes, matando a muchos de ellos. Al fin, llegaron a un lugar donde crece el umdhlebe, un lugar donde la gente no puede tener ganado, sólo cabras. Una tarde, hambrientos, mataron un búfalo, lo desollaron y lo asaron, usando ramas de umdhlebe para ello. Al poco de empezar a comer, Umdava y otros más empezaron a quejarse de un gran dolor de huesos  y de terribles dolores de cabeza.

Los enfermos comenzaron a hincharse y a tener el abdomen muy caliente. A continuación, llegaron las diarreas. El holandés avisó a los doctores del pueblo. Cuando llegaron, algunos ya habían muerto. Para los demás, el tratamiento fue el habitual: no beber agua ni comer amasi.


Emprendieron el viaje de regreso a casa. Por el camino, pasaron por varias aldeas y algunos comieron amasi, muriendo poco después. Los que llegaron a su aldea lo hicieron en muy mal estado, con el abdomen hinchado, pero -gracias a la acción de Umjiya, el médico local- en pocos días fueron sanados.

Hasta aquí las historias relacionadas con umdhlebe recogidas en la obra de Callaway. A pesar de los datos recogidos en este y otros documentos, los investigadores no han logrado identificar al árbol. Algunos creen que podría tratarse de un tipo de álamo desconocido en esa parte de África con la especial de característica de su alta toxicidad.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (II): El Umdhlebi

Portada de Nature, noviembre de 1882
En noviembre de 1882, el misionero norteamericano G.W. Parker informó a la revista Nature sobre un árbol que fue llamado por los zulúes Umdhlebi. El sacerdote lo descubrió durante su actividad misionera  en lo que entonces era el Reino de Zululandia, en el este de la actual Sudáfrica.

Parker describió desde el principio al árbol como venenoso, como una planta de aspecto grotesco, con hojas grandes de color verde oscuro, terminadas en punta. El árbol tenía dos capas de corteza. Una capa externa muerta que colgaba del árbol y una capa nueva –viva- que crecía debajo de él. 


El fruto del árbol era de color rojo sangre y negro  y colgaba de las ramas como si fueran pequeños postes. Al parecer, Umdhlebi era capaz de envenenar a cualquier ser vivo que se acercara lo suficiente. Los primeros síntomas de las víctimas eran los ojos inyectados en sangre, fuertes dolores de cabeza y –finalmente- delirios seguidos de la muerte.

El misionero dijo que los zulúes sacrificaban ovejas y cabras al árbol con regularidad con el fin de
La nota de Parker publicada
en Nature
apaciguar a los malos espíritus que habitaban en su interior.

Según Parker, un día los indígenas se reunieron junto al árbol, a pesar del peligro que comportaba  acercarse al mismo,  porque estaban convencidos que en él mismo se encuentra el único antídoto contra los "poderes demoníacos" que tiene el árbol. Pero el desenlace fue fatal pues, todo el mundo que se acercó al Umdhlebi desde el lado contrario del viento, murió.


El misionero llegó a la conclusión de que árbol emitía algún tipo de polen o un gas venenoso mortal y que se alimenta de los líquidos procedentes de la descomposición de sus víctimas, que se filtraban a través del suelo.

Desde la descripción del árbol realizada por parte del misionero, no se han vuelto a tener noticias del mismo…y tampoco existe una representación gráfica del mismo mínimamente fiable.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Árboles milenarios en España (I): El tejo de Valhondillo

Posiblemente, muchos de nosotros nunca hemos reparado en pensar en  la longevidad de las especies vegetales. Yo no lo había hecho hasta hace bien poco, la verdad. Y cuando descubres que en España (al igual que en casi cualquier rincón del planeta) existen ejemplares milenarios de árboles, aumenta el interés por conocer un poco sobre ellos.

Hablamos de seres vivos que han sido contemporáneos de los romanos, coetáneos de las guerras contra los árabes, protagonistas de escenas medievales, en definitiva, espectadores de todos los sucesos ocurridos en los últimos milenios. Algo increíble si lo pensamos con detenimiento…

Debido a este interés, iniciamos una serie de artículos en los que se irán presentando algunos de los árboles más longevos y singulares que existen en nuestro país. Y, para ello, comenzamos con el que es considerado el ejemplar más viejo que existe en España.

Se trata del tejo de Valhondillo, situado en un bosque de pinos ubicado en el valle del arroyo Valhondillo o Barondillo (afluente del río Lozoya), al noreste de la montaña Cabezas de Hierro, en el término municipal de Rascafría (Madrid).  Es un tejo singular, cuya edad se calcula entre 1500 y 1800 años, aunque no es el único de la zona pues –dispersos en este bosque- pueden verse otros ejemplares  más, algunos de ellos también milenarios.

Tejo de Valhondillo. Foto: Miguel303xm


Un árbol sagrado desde antiguo

El tejo ha sido considerado un árbol sagrado por diversas culturas debido a su extrema longevidad, simbolizando la vida eterna. Es por ello que, en ocasiones, pueden ser encontrados  al  lado de antiguas ermitas y en cementerios, en un claro culto al más allá, al paso hacia el otro lado. Realmente es un árbol con un simbolismo dual, de vida y muerte, pues era famoso  ya entre celtas, griegos y romanos por el potente veneno que albergan sus hojas.

Estas particularidades han hecho que el tejo, desde antiguo, haya sido elegido como lugar de reunión, como marca fronteriza, como hito imposible de pasar por alto. De forma especial, el tejo ha sido venerado por el pueblo celta, utilizando incluso sus ramas para fabricar bastones mágicos con los que adivinar el futuro o en determinadas ceremonias como remedio eficaz contra las acciones de hadas y brujas, tradición que fue adoptada también en época cristiana.

¿Cómo visitarlo?

Si deseamos conocer esta singularidad de la madrileña Sierra de Guadarrama, podemos dejar el vehículo en las zonas habilitadas para ello entre los kilómetros 32 al 34 de la carretera M-604 (la que va desde Rascafría al puerto de Cotos) para, a continuación, seguir la ruta paralela hacia el puente de la Angostura. 

Una vez llegados al puente, habrá que comenzar a caminar hasta el final de la pista. Allí veremos una valla de piedra y hierro forjado detrás de la cual podremos observar el famoso árbol, un ejemplar de tejo común o europeo (Taxus baccata) situado a 1630 metros sobre el nivel del mar. El tejo tiene un tronco hueco de unos 3 metros de diámetro, goza de buena salud y se le han realizado sucesivas podas de ramas enfermas. 

Tiene una altura de casi 8 metros, una copa de 15 metros de anchura y 9,10 metros de perímetro de tronco. En 1985 fue protegido por la Comunidad de Madrid al entrar en el catálogo de especies protegidas en la categoría de árboles singulares.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Cine Criptobotánico (II) : La isla de la muerte (1967)


Continuamos con nuestra investigación sobre la peculiar (y divertida)  relación que existe entre el cine y la Criptobotánica. En esta ocasión os proponemos ver una película española, rodada en 1967 en coproducción con la entonces llamada Alemania Federal, en la que aparecen plantas carnívoras y muertos por doquier. Carne de programa doble en cine de barrio que pasó sin pena ni gloria por las salas de proyección pero que, con seguridad, os hará proporcionará una entretenida hora y media.


En el film,  un grupo de turistas visita una pequeña isla de la costa de Italia para pasar unos días de descanso. Sin embargo, las horas de relax se convierten pronto en una horrible pesadilla cuando empiezan a aparecer turistas muertos. Una planta gigante, creada por un científico desequilibrado que se alimenta de seres humanos y que acaba con todos los curiosos que se acercan a la zona, siembra el pánico entre los visitantes. 

El vegetal tiene unas ramas larguísimas con flores en sus extremos que, ante la presencia de carne
humana, se abren para devorar a la víctima. Cuando los turistas intentan ponerse en contacto con la agencia de viajes para volver a tierra firme se encuentran con la línea telefónica rota…

Que la disfrutéis…




Ficha técnica:

Título original: La isla de la muerte
Año: 1967
Duración: 88 min.
País: España
Director: Mel Welles (Erns Von Theumer)
Guión: Mel Welles, Stephen Schmidt
Música: Anton García Abril, José Muñoz Molleda
Fotografía: Juan Mariné, Cecilio Paniagua
Reparto: Cameron Mitchell, Elisa Montes, George Martin, Kay Fischer, Matilde Muñoz Sampedro, Rolf von Nauckoff, Ricardo Valle y Mike Brendel.
Productora:  Coproducción España-Alemania del Oeste; Órbita Film S.A. / Theumer Filmproduktion


jueves, 27 de octubre de 2016

Descubren en Japón una planta que no florece ni hace la fotosíntesis

Un investigador japonés ha descubierto una nueva especie de planta en la isla subtropical de Kuroshima, frente a la costa meridional de Kyushu y en la prefectura de Kagoshima (al sur de Japón), a la que ha bautizado como «Gastrodia kuroshimensis» y que tiene la particularidad de que no florece ni hace la fotosíntesis.
Foto: Kenji Suetsugu

Kenji Suetsugu, profesor de la Universidad de Kobe (Japón), ha publicado su investigación en la revista «Phytotaxa», donde explica que el hallazgo de una nueva especie vegetal en esa parte del mundo es muy raro porque su flora ha sido analizada a fondo. Sin embargo, la «Gastrodia kuroshimensis» es un descubrimiento particularmente especial porque es a la vez micoheterótrofa (se nutre de los hongos que parasita, no de la fotosíntesis) y cleistógama (no florece y se autofecunda porque permanece cerrada).

Las plantas micorrizadas no fotosintéticas o micoheterotróficas, es decir, que se alimentan por los nutrientes que sus raíces reciben del micelio de los hongos, han atraído mucho la curiosidad de los botánicos y los micólogos.

Una característica común en la mayoría de ellas es su escasez extrema y su pequeño tamaño. Además, la mayoría de las especies se encuentran en el sotobosque de los bosques oscuros y sólo pueden descubrirse durante el periodo de floración, cuando los órganos sobre el suelo aparecen a través de la hojarasca.

Suetsugu trabaja en documentar la distribución y clasificación de las plantas micoheterotróficas en Japón. El pasado mes de abril, durante un viaje de investigación en los bosques de tierras bajas de Kuroshima, se encontró con un centenar de individuos de una especie desconocida de planta que no hace la fotosíntesis. Cogió una muestra y examinó detalladamente sus características morfológicas, y encontró que es una nueva especie.

Esta planta es cleistogáma porque se autofecunda. Este mecanismo de reproducción ha intrigado a los botánicos desde la época de Charles Darwin y ahora es reconocido como una importante forma de autopolinización que se encuentra en una amplia gama de taxones de plantas.

Fuente: Servimedia

Puedes consultar el artículo publicado en Phytotaxa en este enlace .




viernes, 7 de octubre de 2016

Cerrado por vacaciones

Estimados amigos… Nos tomamos unas semanas de vacaciones. A la vuelta retomaremos la actividad del blog, de los programas de radio, los artículos,…



¡Nos vemos pronto !
Javier Resines

jueves, 6 de octubre de 2016

El misterioso árbol que camina 20 metros al año

Socratea exorrhiza es el nombre científico de una especie que habita en las selvas tropicales de Sudamérica y América Central. Su gran altura, que puede alcanzar los 25 metros, no hace sino aumentar la impresión que causan la gran cantidad de raíces aéreas, nacidas a ras de suelo, que posee y que recuerdan a pequeñas piernas.


A finales del pasado año, el biólogo y periodista científico Karl Gruber viajó al Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, en Ecuador, con el objetivo de investigar  esta especie. Gruber afirma que la palmera puede desplazarse más de 20 metros al año. Esto ocurre cuando el suelo en el que se encuentra la planta se erosiona. Entonces forma nuevas raíces aéreas que alcanzan zonas adyacentes más estables y deja pudrir las originales. De este modo, si tras varios meses volvemos al lugar ya no encontraremos la palmera en el mismo sitio.


Peter Vrsansky, un experto en Paleobiología del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Academia de Ciencias de Eslovaquia Bratislava , afirma haber visto este fenómeno de primera mano.



A medida que el suelo se erosiona, del árbol crecen nuevas raíces largas que encuentran un terreno nuevo y más sólido. Entonces, poco a poco, ya que las raíces se asientan en el nuevo suelo y el árbol se dobla pacientemente hacia las nuevas raíces, las raíces viejas levantan lentamente en el aire. Todo el proceso de trasladarse a un nuevo lugar, en busca de  una mejor luz solar y un terreno más sólido puede llevar un par de años “.

A pesar de las palabras de Gruber y de Vransky, esta especie vegetal sigue sujeta a la controversia entre los científicos. Algunos sugieren que estas raíces son únicamente una adaptación de la palmera para vivir en las zonas pantanosas de la selva, por lo que el hecho de que camine no es más que un mito. Otros científicos apoyan la teoría caminante y sugieren que el desplazamiento es una estrategia que usa cuando otro árbol le cae encima y le permite buscar lugares más seguros. Incluso, se ha propuesto que la palmera sea capaz de buscar emplazamientos ricos en nutrientes, como aquellos en los que hay troncos podridos.


martes, 20 de septiembre de 2016

¿Duermen los árboles?

Hace pocas fechas, Jorge Alcalde publicaba en el diario La Razón un interesante artículo titulado “¿Duermen los árboles?”. Nos preguntamos si existen patrones de conducta nocturna en el reino vegetal y en qué consisten éstos.



Puedes leer el artículo en este enlace.


viernes, 9 de septiembre de 2016

Las plantas piensan, con Jiménez del Oso

Hoy recuperamos para la memoria de la investigación criptobotánica un documento histórico. Se trata del pionero programa Más allá, dirigido por Fernando Jiménez del Oso que –en su emisión del  27 de marzo de 1977- dedicó a investigar la posibilidad de la existencia de pensamiento y emociones en el mundo vegetal.


Tomando como base los experimentos realizados en 1966 por el doctor norteamericano Cleve Buckster -quien aplicó un galvanómetro a una dracena para medir su reacción ante diversos estímulos, con inesperados resultados- Jiménez  del Oso nos muestra el  estado de la investigación en este campo a finales de los años 70.

Puedes ver el programa en este enlace de la web de rtve.es. Y si deseas conocer más sobre la obra del doctor Buckster, puedes leer uno de sus trabajos (en inglés) aquí.