jueves, 20 de abril de 2017

Conferencia “Los misterios de las plantas”, por Alfonso Hernández.

La conferencia, organizada  por la Sociedad Española de Parapsicología y la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares, fue impartida en la Casa de Cantabria de Madrid por Alfonso Hernández el pasado día 30 de marzo.

Gracias al esfuerzo de los compañeros de Divulgadores del Misterio (a los que desde aquí queremos reconocer su estupenda labor de difusión) tenemos la oportunidad de ver la charla completa en su página web.

Alfonso Hernández durante la conferencia

Hernández, Ingeniero de Telecomunicaciones y Arquitecto de Sistemas, nos habla sobre los distintos misterios que rodean al mundo vegetal: telepatía, inteligencia en las plantas, comunicación con ellas…, una inquietante realidad fronteriza que puedes descubrir en este enlace.

miércoles, 5 de abril de 2017

Cine Criptobotánico (IV): La tienda de los horrores (1960)

Hoy traemos a nuestro blog la cuarta entrega de la serie que relaciona la Criptobotánica con el Séptimo Arte. Y lo hacemos con todo un clásico de 1960, La tienda de los horrores, dirigida Roger Corman e interpretada por Jonathan Haze, Mel Welles, Jackie Joseph y un jovencísimo Jack Nicholson.

La trama se centra en Seymour Krelboin (Jonathan Haze), un joven dependiente de una floristería de Los Ángeles, que está enamorado de su compañera Audrie (Jackie Joseph), quien sale con un sádico dentista.

Un día, justo después de un extraño eclipse, compra una rara planta, a la que bautiza como Audrie II. La planta crece rápidamente, gracias a que Seymour le proporciona el sangriento alimento que necesita, y se convierte en toda una atracción para los cada vez más numerosos clientes de la tienda.
Una planta sedienta de sangre humana en una modesta, tosca, velozmente rodada e ingeniosa producción que –como suele ser habitual-pasó desapercibida en su momento y llegó a convertirse en un clásico del cine de terror con el paso del tiempo.

En 1986, Frank Oz dirigió una nueva versión a partir del musical de Broadway, protagonizada por Rick Moranis, que obtuvo dos nominaciones a los Óscar. Incluso Warner prepara para los próximos meses una nueva adaptación de la película que ha encargado al director Greg Berlanti.

Silencio… llega Audrey…



Ficha técnica:

Título original: The Little Shop of Horrors
Año: 1960
Duración: 72 min.
País: Estados Unidos
Director: Roger Corman
Guión: Charles Griffith
Música: Fred Katz & Ronald Stein
Fotografía: Archie R. Dalzell
Reparto: Jonathan Haze, Mel Welles, Jackie Joseph, Dick Miller,  Myrtle Vail,  Leola Wendorff, Jack Nicholson
Productora: Filmgroup / Santa Clara Productions


jueves, 30 de marzo de 2017

Las plantas crean los “círculos de hadas” del desierto de Namibia

Los llamados círculos de hadas son uno de los grandes misterios de la Naturaleza. Una nueva investigación recién publicada, avala la teoría de la auto-organización en la formación de estas extrañas formaciones cuyo origen trae de cabeza a los científicos de medio mundo.


Los círculos, de los que hay decenas de miles, se encuentran en el interior oriental del desierto de Namibia, que se extiende desde el sur de Angola hasta el norte de Sudáfrica. Varían en tamaño desde los 3,5 metros a los 34,7 metros y consisten en parches desnudos de suelo rodeado de anillos de hierba.

Los orígenes de los círculos es tratado en un artículo escrito por Lixin Wang, ecohidróloga de la Indiana University-Purdue University de Indianapolis, autora principal del estudio publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Biogeosciences.

El estudio defiende la teoría de la auto-organización que explica que el patrón de vegetación circular es creado por la competencia por el agua escasa. Se cree que estas calvas filtran más las precipitaciones y actúan como reservorios de agua, a los que puede acceder la hierba a lo largo de los bordes del círculo.

Otra de las teorías principales esgrimidas sobre los círculos de hadas es que son creados y mantenidos por las termitas de arena, que limpian la vegetación en el área de sus nidos. Al hacer el suelo poroso, las termitas establecen reservorios permanentes de agua de lluvia por debajo de la superficie, que les sustentan a ellas y a las plantas de los alrededores. En enero de este mismo año, investigadores de las universidades de Princeton y New Jersey, reconciliaban estas dos soluciones más probables (el crecimiento autoregulado y la acción de las termitas) en una serie de simulaciones informáticas.

Por su parte, el equipo de investigación dirigido por Wang realizó extensas mediciones de la tasa de infiltración, la humedad del suelo, la hierba biométrica y la distribución del tamaño del grano de sedimentos de múltiples círculos y espacios entre ellos.


El equipo también encontró que las raíces de hierba alrededor de los círculos eran mucho más grandes en el interior del anillo de césped en comparación con el exterior. "Eso significa que la hierba pone sus raíces en el lado interior del anillo, compitiendo por el agua", dijo Wang en un comunicado. "Cuando llueve, el agua fluye hasta el borde de los círculos, donde las raíces de la hierba pueden tomar el agua para su uso.

 «Nuestra investigación proporciona nuevos conocimientos y los datos experimentales sobre los procesos ecohidrológicos asociados con círculos de hadas», señala. Además, el equipo trasladó a la zona a un experto en termitas para buscar evidencias de estos insectos en los círculos y «no había ninguna señal de actividad de termitas de arena en absoluto», asegura Wang. «Nuestros resultados parecen apoyar la teoría de la autorregulación de la formación de los círculos de hadas», escribieron los investigadores en su artículo.

Fuente: Ecoticias.com. Europa Press, El Pais, Abc.




jueves, 16 de marzo de 2017

Escucha “Árboles devoradores de hombres”, con Javier Resines

Ya puedes escuchar y descargar  “Árboles devoradores de hombres”, mi intervención del pasado sábado en Misterio en Red, el programa de radio dirigido y presentado por Esteban Palomo.

En el mismo viajamos hacia una época aventurera, heroica, bohemia, a medio camino entre los siglos XIX y XX, donde la fascinación por lo desconocido nos lleva a descubrir terribles historias de plantas devoradoras de humanos como protagonistas.


Recorremos todos los rincones de nuestro planeta rescatando algunas de las más increíbles historias de monstruos vegetales, llenas de sangre, dolor y miedo. Puedes escucharlo siguiendo este enlace.


sábado, 11 de marzo de 2017

Esta noche, Javier Resines en "Misterio en Red": Árboles devoradores de hombres...



Esta noche he sido invitado a participar en una nueva edición de Misterio en Red, el programa dirigido y presentado por Esteban Palomo. Trataremos un asunto que se mueve a medio camino entre lo legendario, el folklore, las tradiciones indígenas y los relatos procedentes de la época colonial, un tiempo en el que la aventura y la capacidad de sorpresa iban cogidas de la mano.



Hoy hablamos de árboles devoradores de hombres, seguramente la parte más extrema y sorprendente de la criptobotánica, el estudio de las especies vegetales desconocidas. Recorreremos remotas montañas e intrincadas selvas para descubrir que los relatos referentes a estos extraordinarios y carnívoros seres son mucho más frecuentes de lo que pensamos.

Escúchanos, a partir de las 23.00, en MetroRadio y en Radio 4G Málaga . No te lo vayas a perder…


lunes, 6 de marzo de 2017

Encuentran una flor de 3.000 años dentro de un hacha de la Edad de Bronce

Durante el pasado verano, el equipo de arqueólogos de DigVentures realizó excavaciones en determinado punto en las proximidades de la Bahía de Morecambe, en Lancashire, en el noroeste de Inglaterra. Un detector de metales fue capaz de advertir de la posición de un cincel en buen estado de conservación, abriendo el camino hacia un espectacular yacimiento que los expertos ubicaron enseguida en la Edad de Bronce.

Imagen: Dalya Alberge

Todo tipo de joyas y adornos, así como lanzas, hachas y otras armas, formaban parte de un tesoro que sedujo a los investigadores por su insólita variedad. Pero una de sus piezas más llamativas no fue descubierta hasta que el botín fue trasladado a los laboratorios para ser analizado. Uno de los arqueólogos encargados de esa tarea observó que una de las hachas tenía un hueco en un extremo de su mango. En su interior había una flor de cardo asombrosamente bien conservada.

La antigüedad que se atribuye al hacha en que estaba escondida la flor es de unos 3.000 años, de modo que podría ser también la edad de ésta. Lo más interesante es que el hallazgo provoca que los especialistas se planteen nuevas preguntas. Por lo general, esta clase de tesoros enterrados suelen encontrarse en lugares húmedos en los que las comunidades de la época solían asentarse, pero hasta ahora esas ofrendas eran esencialmente materiales. La presencia de la flor abre algunos interrogantes.

Imagen: Dalya Alberge

La excavación que condujo a este descubrimiento fue financiada parcialmente a través de un crowdfunding lanzado por DigVentures, una organización social fundada por tres arqueólogos que intentan que la crisis no paralice sus ganas de continuar investigando. Su éxito demuestra que sus esfuerzos durante los últimos años han merecido la pena.

Para saber más:


martes, 14 de febrero de 2017

Árboles devoradores de hombres (IV): El octópodo del Mato Grosso

Qué duda cabe que el Amazonas es una región abonada al misterio. Su enorme extensión junto a lo inexplorado de su territorio hace que –desde antiguo- nos lleguen informes relativos a tribus perdidas, civilizaciones desconocidas, monstruos prehistóricos y, por supuesto, árboles devoradores de hombres.

Este es el caso del conocido como octópodo o árbol diablo, citado por vez primera en 1932 a consecuencia de una expedición preparada exclusivamente para capturar un ejemplar vivo de esta especie. Al frente de la misma se encontraba el capitán británico Thomas W. H. Sarll, propietario de una  extensa finca cerca del rio Ash, en Middlesex, cuya intención era llevar a Inglaterra una de estas temibles criaturas.

Para ello, compró un en su Inglaterra natal un lugger, un pequeño barco pesquero, con el que explorar ciertos ríos tributarios del gran Amazonas y dar con el monstruo, al que describe con una forma parecida a un pulpo. El árbol tendría una serie de tentáculos semiescondidos  y apartados de la luz, permanentemente al acecho de animales y hombres.

Según su experiencia (parece que Sarll habría visitado la zona previamente) había escuchado relatos en los que indios y blancos fueron atrapados por este árbol, del que era imposible zafarse, y habían terminado muriendo de hambre o de miedo, momento en el que el monstruo aprovechaba para devorar a sus víctimas.

 En el verano de 1932, Sarll y su grupo se adentró en el Amazonas… para no saber nunca más de ellos. Tal vez encontraron el ansiado árbol y sucumbieron a él o fueron víctimas de cualquiera de los numerosos peligros más prosaicos que les podían acechar en esa inhóspita tierra. Lo cierto es que en el Herbarium de Kew, en Londres, se les esperaba con impaciencia, pero no regresaron…

Octopus tree situado en Oregon. Singular, pero nada peligroso.


Harold T. Wilkins
También tenemos una somera descripción de este árbol gracias a la labor del periodista británico Mysteries of ancient South America” (1945) –en el que recoge datos sobre la Expedición Sarll - como en “Secret cities of old South America”, publicada en 1952.
especializado en misterios Harold T. Wilkins que lo describe tanto en su obra “

La criatura tendría el  tamaño de un sauce y esconde sus ramas en las profundidades del suelo o entre la maleza de alrededor. Cuando algún desafortunado tropieza con él, la planta lanza sus ramas y atrapa a la víctima con sus zarcillos estranguladores.

Para conocer más sobre esta extraña criatura, puedes leer y descargar la primera de las obras de Wilkins en este enlace.


lunes, 30 de enero de 2017

¿Pueden ver las plantas?

© Thomas Fuchs

Este es el sugerente asunto de un artículo publicado por Marta Zaraska en el número de enero de la revista Investigación y Ciencia.

El artículo revisa una idea que no es nueva en absoluto pues las primeras investigaciones en este sentido datan de principios del siglo XX cuando Francis Darwin sugirió que las hojas de las plantas poseen un órgano al que llamó ocelo, una curiosa combinación de células lenticulares y fotosensibles.

El artículo completo, con las últimas conclusiones sobre los estudios de visión en el reino vegetal, puedes leerlo gratuitamente en este enlace .

Para saber más:





martes, 10 de enero de 2017

Cine criptobotánico (III): Devoramujeres (1958)




Tercera entrega de la serie que relaciona el séptimo arte con la Criptobotánica. En esta ocasión, viajamos en el tiempo hacia 1958 para deleitarnos con una auténtica rareza dirigida por el prolífico director británico Charles Saunders.




Devoramujeres, o The woman eater en su versión original, cuenta la historia del Dr. Moran. En una expedición a la selva amazónica, descubre una tribu de nativos que adora a un terrible árbol que se alimenta de la sangre de las mujeres y genera un líquido que puede devolver la vida a los muertos.

Cinco años más tarde, el científico –enloquecido ante lo que ha visto- captura una de estas plantas y la lleva consigo a Londres con la intención de experimentar con ella y con jóvenes mujeres…


Serie B (o más bien Z), Mad Doctors, plantas asesinas y bellas chicas en una película de bajo presupuesto que no te dejará indiferente y que fue muy mal acogida por la crítica del momento…

Puedes verla en versión original en el siguiente vídeo:


Y, si lo deseas, puedes descargar la película (con subtítulos en español) en este enlace de clasicosendd, a cuyo responsable queremos agradecer la magnífica labor de recuperación y difusión de cine clásico que viene realizando.

Ficha técnica:

Título original: The Woman Eater
Año: 1958
Duración: 70 min.
País: Reino Unido
Director: Charles Saunders
Guión: Brandon Fleming
Música: Edwin Astley
Fotografía: Ernest Palmer
Reparto:  George Coulouris, Robert MacKenzie, Norman Claridge, Marpessa Dawn, Jimmy Vaughn, Joyce Gregg, Harry Ross, Sara Leighton, Edward Higgins
Productora:  Fortress Film Productions Ltd.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (III): Umdhlebe, segunda parte.


En esta nueva entrega de la serie dedicada a los árboles devoradores de hombres, continuamos hablando del misterioso umdhlebe. La primera referencia conocida a este temible árbol  la encontramos en The Religious System of the Amazulu, obra escrita por el misionero inglés Henry Callaway en 1870. La pista nos la ha proporcionado el compañero Alberto Fh, al que agradecemos desde aquí su interés y la decisiva aportación que nos ha facilitado.


Callaway narra varias anécdotas sucedidas entre los zulúes y que tienen al extraño árbol como protagonista. Así, en una conversación con varios indígenas, éstos le contaron que   “en la colonia donde vivía nuestra tribu, en la Montaña de la Mesa, hay dos médicos que discutieron entre sí acerca de su habilidad”, retándose a tocar a umdhlebe.  

Los hombres, llamados Usopetu y Upeteni fueron juntos a un lugar llamado Umlazi, cerca del mar, donde se encontraba un ejemplar del extraño árbol bajo el que había muchos huesos de animales que allí habían muerto. Cuentan que incluso los pájaros perecen si se posan en él.

Upeteni fue el primero en enfrentarse al mortífero árbol. Desató sus medicinas, seleccionó lo que creyó apropiado, lo masticó, se llenó de ello y se dirigió a umdhlebe con ánimo de arrancarle una parte. Lo apuñaló, pero el árbol se movió violentamente y no permitió que se volviera a acercar. Tomó otras medicinas y volvió a apuñalarlo, provocando un gran ruido en la criatura que –por todos los medios- le impedía acercarse más.

Lo intentó de nuevo, pero el rostro del médico comenzó a llenarse de sudor y el frío se adueñó de él, no pudiendo alejarse de umdhlebe, encontrándose cada vez más enfermo. Entonces, Usopetu masticó sus medicinas, las inhaló a Upeteni y le curó. Se volvió contra el árbol y consiguió arrancarle varias ramas, logrando ser reconocido como un gran médico.

Henry Calloway
Callaway recoge en su obra que existen varias clases de umdhlebe. Algunos son pequeños, otros grandes, siendo el mayor el que crece entre los Amanthlwenga. En la tradición de este pueblo, se dice que este árbol mata a la gente. Si es plantado en medio de una aldea, ese pueblo perece. Surge una gran fiebre y los hombres se agitan con grandes convulsiones,  padeciendo un gran dolor de  huesos. El tratamiento del médico consiste en hacer que el enfermo se abstenga de beber agua y de comer amasi, una leche fermentada muy popular en Sudáfrica.

Uno de estos indígenas cuenta una historia de primera mano: “Vi con mis propios ojos a aquellos hombres que fueron asesinados por umdhlebe entre los Amanthlwenga, que habían ido a cazar elefantes. Uno de ellos era mi hermano, Umdava. Vino hasta aquí conduciendo su carro durante un mes. Era alto, de piel muy negra y larga barba. Venían  con un holandés de nombre Umkosi.

Los cazadores salieron y se encontraron con una manada de elefantes, matando a muchos de ellos. Al fin, llegaron a un lugar donde crece el umdhlebe, un lugar donde la gente no puede tener ganado, sólo cabras. Una tarde, hambrientos, mataron un búfalo, lo desollaron y lo asaron, usando ramas de umdhlebe para ello. Al poco de empezar a comer, Umdava y otros más empezaron a quejarse de un gran dolor de huesos  y de terribles dolores de cabeza.

Los enfermos comenzaron a hincharse y a tener el abdomen muy caliente. A continuación, llegaron las diarreas. El holandés avisó a los doctores del pueblo. Cuando llegaron, algunos ya habían muerto. Para los demás, el tratamiento fue el habitual: no beber agua ni comer amasi.


Emprendieron el viaje de regreso a casa. Por el camino, pasaron por varias aldeas y algunos comieron amasi, muriendo poco después. Los que llegaron a su aldea lo hicieron en muy mal estado, con el abdomen hinchado, pero -gracias a la acción de Umjiya, el médico local- en pocos días fueron sanados.

Hasta aquí las historias relacionadas con umdhlebe recogidas en la obra de Callaway. A pesar de los datos recogidos en este y otros documentos, los investigadores no han logrado identificar al árbol. Algunos creen que podría tratarse de un tipo de álamo desconocido en esa parte de África con la especial de característica de su alta toxicidad.